Alex Bobadilla

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Leyendo Historia de la Sexualidad 1 de Michel Foucault ¿Qué quiere decir arts erotica y scientia sexualis?

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A partir de ahora en este blog también voy a empezar a comentar algunos libros que voy leyendo porque me parece interesante compartir algo más de lo que normalmente acostumbro intercambiar contigo, algunos apuntes de la universidad, algunas ideas sueltas y conceptos de libros que voy recopilando o que no me quedan claros y que ahora quiero someterlos a tu juicio también.

Creo que muchos de estos aportes que no tienen que ver con los temas tradicionales de los que suelo hablar te van a ayudar también a tener una mirada holística mucho más abarcativa que el simple y licito juicio que generamos sobre las personas sin conocer realmente de donde provienen sus estilos y sus formas.

En cualquier caso si quieres colaborar con esta serie de nuevos conceptos que voy a ir trayendo en mis post de blogs te agradecería porque la idea es clarificarlos juntos, pero si prefieres solo leer mis post de negocios y mercadeo, también está bien.

Los conceptos que hoy quiero analizar en voz alta contigo son los de scientia sexualis y arts erotica.


No sé si tu ya has leído esta serie de libritos sobre la sexualidad de Michel Foucault pero yo he comenzado por el primero llamado “La historia de la sexualidad – la voluntad de saber” y la verdad estoy un poco confundido acerca de un concepto que me pareció interesante y que tiene que ver con el modo en que el autor explica el desarrollo de la concepción de la sexualidad en Occidente.

El libro comienza con una fuerte crítica al poder (Foucault es uno de los que mejor analizó al poder asi que es casi imposible que no llegue a vincular sus ideas previas con el desarrollo histórico de la sexualidad humana) que hace notar desde las primeras paginas, pero en un momento cita dos conceptos que me llamaron la atención: la arts erotica y la scientia sexualis.

En la arts erotica, según Foucault “…la verdad es extraída del placer mismo, tomado como practica y recogido como experiencia; el placer no es tomado en cuenta en relación con una ley absoluta de lo permitido y lo prohibido ni con el criterio de utilidad, sino que, primero y ante todo en relación consigo mismo, debe ser conocido como placer…”.

Con respecto a la scientia sexualis dice que Occidente está enfrascado en una búsqueda de la verdad y en un discurso “obligado” en el que el ser humano debe “confesar” su sexualidad a un otro que lo habilita.

Se comienza a hablar de sexualidad propiamente, según el, en el discurso organizado y habilitado dentro de esa relación donde hay otro a quienes las personas le confiesan sus experiencias y todo su ser sexual.

Estos dos conceptos son interesantes porque el confiere a la sexualidad occidental el carácter de opuesto a las de las civilizaciones que han existido mucho antes donde la arts erotica era un conocimiento donde el placer era solo conocido por la experiencia individual para trabajarla desde el interior y amplificar sus efectos decía, y donde había una necesidad de mantenerlo secreto para que exista un maestro que lo pueda transmitir a un discípulo de manera cuasi esotérica.

Este libro me resulto muy interesante porque marca dos polos históricos en relación a la forma en la que tratamos individual y socialmente de acercarnos al estudio de la sexualidad en occidente pero al mismo tiempo hecha luces sobre el poder discursivo y el poder mismo que se ha venido gestando en base a una forma de enmarcar el tema desde diferentes sectores sociales y de relaciones de poder, por ejemplo médico-paciente, maestro-alumno, estado – ciudadano, etc.

Hasta ahora el libro me sorprendió gratamente porque no pensaba encontrar algunos resabios lingüísticos relacionados a la forma de argumentar con respecto a la confesión cristiana y la relación de poder que se establece con el confesor, cosa que por cierto ha ido mutando, antes le confesábamos nuestros pecados o pensamientos impuros a un cura, ahora lo hacemos a un psiquiatra que aunque no nos promete la salvación eterna hace las veces de purgatorio.

No puedo evitar tampoco empezar a entender el impacto que tiene este tipo de lectura para alguien que no se pone cotidianamente a pensar en cómo habla sobre su propia sexualidad, o si no lo hace, o con quienes lo hace, porque es aun al día de hoy que muchos de estos temas siguen siendo tabú precisamente por una fuerte moral familiar y religiosa que hace que las personas se autocensuren de intentar buscar la verdad en el placer del discurso o en el placer de la verdad del placer como dice el autor.

Entender la sexualidad humana (¿Para qué? Dirán algunos) y entender de donde vienen esas viejas fijaciones de tabúes y secretos confesionarios nos acerca también a un redescubrimiento de cómo se forman las ideas y como se canalizan esas ideas en personas intentan quitarle el sentido implícito que tenemos todos de canalizarla hacia algún lugar y hacia cierto tipo de ideas que definen nuestras vidas, sin ir más lejos, hacia la frustración o hacia el placer constante.

Si has leído esta serie de libros me gustaría que me dieras tu visión de estos dos conceptos que aún me quedan por entender mejor, y si no has leído a Foucault te recomiendo que lo hagas porque es un excelente autor y si no tienes tiempo de leerlo, puedes escucharlo:



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