Un blog variadito sobre negocios, filosofía, motivación, libros, ventas y redes sociales...
🤗TE INVITO...
Este blog es diferente porque quiero que aprendas lo mismo que yo hago en mis negocios de internet, voy a contarte los libros que leo y las reflexiones que puedo hacer de ellos y es diferente también porque me voy a enfocar en enviarte posteos en diferentes formatos de videos, infografías y artículos, si lo quieres solo...
Me sorprendí al
verme con ese rostro tan desconocido para mí, incluso en el sueño.
Mi cara tenia un
aspecto que jamás hubiera pensado para mí mismo. Era mucho más grande y redondo,
tenía las mejillas hinchadas, las ojeras demasiado negras y la piel similar a
la del pollo cuando se lo prepara al microondas. No sentía que era yo realmente,
no era mi vida, sin embargo, era yo.
Sabía que era yo porque
estaba frente a un espejo y podía ver mi rostro. Entonces era yo. Lo acepté con
resignación; y mientras hacía eso en la estupefacción de mi reflejo, empezaron
a cruzar recuerdos. Recuerdos de cuando tenía 18 años.
En ese entonces
Lupe era una adoración secreta y Adán mi amigo más serio.
Cuando salíamos
del instituto a eso de las 8 de la noche, teníamos un ritual muy divertido.
Hacíamos
una especie de parkour como carrera de doscientos metros esquivando a más no
poder barandas, murallitas y rampas pequeñas que estaban en ese trayecto desde la
esquina del instituto Cervantes de educación física hasta la esquina de la
farmacia Americana.
Doscientos metros
de adrenalina. Nos encantaba.
La carrera
empezaba de improviso cuando, casi siempre, lanzaba el desafío con la ventaja
de anunciarlo mientras emprendía las primeras zancadas.
Esa pequeña
ventaja causaba en Adán que su normal cara de seriedad se tornara aún más dura.
A veces cuando estábamos en la mitad de la corrida yo lo miraba para ver si
cambiaba su expresión, pero casi siempre parecía aún más enojado, aún más
concentrado en ganarme.
Cosa que nunca hacía.
Yo era el más
rápido de los tres.
Las pocas veces
que perdí esa carrera de “parkour en velocidad” fue porque me distraía.
Me distraía con
la sonrisa de Lupe. Dios mío, nunca antes había visto ni escuchado semejante tipo
de mujer. Su cara era normal, aunque sus dientes exageraban el blanco. Contrastaban
inmediatamente con su tez morena.
Lupe, a
diferencia de Adán, reía cuando empezaba el desafío. Entre quejas y fuertes
risas alcanzaba velocidad en pocos segundos. Aún así, reía toda la carrera.
Cuando la miraba
sentía que era algo que no podía entender. No podía entender como alguien podía
reír con tanta vitalidad. Cuando ella reía parecía que su risa empezaba en la
mitad de su alma y terminaba intentando expulsar el resto de la realidad y del
mundo.
Supe después que
eso era el inicio de algo llamado amor. Algo que no entendía. Algo que quizás
nunca entendí.
Aunque la carrera
era intensa yo siempre me distraía si miraba a Lupe. Un día dejé de mirarla, pero
no de sentirla. Ganarle a Adán era una victoria disfrutable. El era un atleta que
empezaba a destacar en el instituto y yo no era nadie.
Ganarle a Lupe se
sentía extraño. No se sentía como nada. Quería darle mi victoria, quería darle
todo cuando reía.
Se sentía bueno
saber que era la rutina que hacíamos de manera constante, los tres.
Justo cuando
empezaba el recuerdo de una carrera donde al doblar la esquina sentía que caía
y que Lupe tomaba mi brazo para evitar que llegue al zanjón de la esquina del
instituto, empieza a aparecer una niebla que termina cerrándose sobre su
inmensa sonrisa y los contornos rosas de su boca. Un triste recuerdo que no
quería perder y se resistía como le pasaba a Alicia, con el gato de Cheshire.
Su sonrisa se
perdía y mis ojos empezaban a ver las molestas luces fluorescentes del
hospital.
Estaba boca arriba. No había nadie más cerca, excepto la enfermera
que tenía un termómetro en la mano.
Fue un sueño que
me dejó una sensación de optimismo ausente y dulce. Mientras saboreaba la
sonrisa de Lupe que casi podía seguir viendo frente a mí, la enfermera me
pregunta si estaba listo y empezaba a mover pesadamente las ruedas de la cama.
La respuesta corta: SI. La respuesta larga: No siempre.
Con el auge de los diferentes gurúes del emprendedorismo y de las técnicas mágicas para aprender una y otra cosa en pocos minutos, la gente corriente, los académicos y los empresarios también están buscando “atajos” que les permitan se más productivos incluso con las cosas que disfrutan, por ejemplo, leer libros.
La lectura rápida nace como un hobby de genios y nerds que poco a poco se fue convirtiendo en algo más que campeonatos desconocidos y proezas personales para ir mostrando sus beneficios en muchos tipos de personas alrededor de todo el mundo.
Recuerdo que uno de los primeros libros que léi sobre el tema fue el de Ramón Campayo, que por cierto me gustó mucho. Luego, leí otro de Joshua Foer (sobre el que debería hacer una review más profunda) y me gustó como fue su acercamiento al mundo de la mnemotecnia y la memorización. Si bien ese libro no trata sobre lectura rápida, trata sobre las bases del espectro de técnicas que se necesitan para aprender algo.
Las técnicas de lectura rápida no son nuevas, lo que es nuevo es el tipo de uso que le podemos dar para poder adquirir mejores aprendizajes y llevarlos a la práctica en nuestras profesiones o empresas.
Leer por para aprender no es lo mismo que leer para aprobar
Hay que poder diferenciar la lectura del aprendizaje y de los objetivos que se persigue con la lectura en sí misma. Son tres cosas distintas.
Leer no asegura aprender ni interpretar un texto.
Esta es probablemente la desventaja más grande de cualquier técnica de lectura rápida cuando olvidamos el objetivo de la lectura en sí mismo y nos enfocamos solo en la velocidad o en la capacidad de pasar de un libro al otro rápidamente.
Para poder aprender hay que interpretar y además, hay que entender que aprender no tiene nada que ver con leer para aprobar un examen, porque al otro día del examen probablemente olvidemos todo lo que hayamos leído.
Cuando se lee con real interés en aprender y no solo para aprobar una prueba, es cuando podemos decir que hemos internalizado eso que está unas páginas frente a nosotros.
Los estudiantes universitarios, esencialmente en sus primeros años de lecturas obligatorias, olvidan esto que acabo de mencionar y muchos de ellos parecen borrar de sus memorias todo lo que han leído durante varios años de formación.
Leer por placer no es leer con rapidez
También es importante diferenciar que otro existen otros objetivos de lectura. Por ejemplo, leer por placer.
Cuando se lee por placer uno tiene derecho a abandonar un libro, como recomendaba Borges, aunque fuera un clásico que todo el mundo haya leído. Si nos aburre, mejor dejarlo para después.
Cuando se lee por placer uno no anda contando ni páginas ni títulos ni obras, uno simplemente, lee.
El caso de la poesía es el que mejor ilustra esto. Lee este poema de Olga Orozco:
Para este día
Reconozco esta hora. Es esa que solía llegar enmascarada entre los pliegues de otras horas; la que de pronto comenzaba a surgir como un oscuro arcángel detrás de la neblina haciendo retroceder mis bosques encantados, mis rituales de amor, mi fiesta en la indolencia, con sólo trazar un signo en el silencio, con sólo cortar el aire con su mano. Esa, la de mirada como un vuelo de cuervo y pasos fantasmales, que venía de lejos con su manto de viaje y las mejillas escarchadas, y se iba bajando la cabeza, de nuevo hasta tan lejos que yo buscaba en vano la huella del carruaje en el pasado. Hora desencarnada, color de amnesia como dibujada en el vacío del azogue, igual que una traslúcida figura enviada desde un retablo del olvido. ¿Y era su propio heraldo, el fondo que se asoma hasta la superficie de la copa, la anunciación de dar a luz las sombras? No supe descifrar su profecía, ese susurro de aguas estancadas que destilan a veces los crepúsculos, ni logré comprender el torbellino de plumas grises con que me aspiraba desde un claro de ayer hasta un vago anfiteatro iluminado por lluvias y por lunas, allá, entre los ventisqueros del irreconocible porvenir; aquí, donde ahora se instala, maciza como el demonio del advenimiento, en su sitial de honor en medio de la asamblea de otras horas, pálidas, transparentes, y me dice que mis bosques son luces extinguidas y aves embalsamadas, que mi amor era erróneo, como un espejo que se contempla en otro espejo, que mi fiesta es un cielo replegado en el sudario de mis muertos. Y se queda esta vez, sin bajar la cabeza.
¿Acaso se puede pensar en leer poesía con técnicas de lectura rápida y sentir el mismo placer que se siente cuando nos detenemos a pensar en eso que nos recuerda una cita de Neruda, de Wilde o de Olga Orozco?
No. Hay placeres que solo se disfrutan lento...
Cuidado. Sigo hablando de lectura em...🤭
Yo creo que la lectura rápida es una bendición, como lo son los ebooks y las canciones pop, sin embargo, aún algunos preferimos libros en papel, el silencio y la lectura a veces rápida, a veces lenta.
¿Tú te animarías a probar técnicas de lectura rápida? ¿Cómo mejorarían tu vida?
Lo he
mencionado varias veces en este blog. No es un secreto.
Uno de
mis objetivos de este año es leer un poco más.
Como
copywriter,
una de las cosas sobre las que tengo que mejorar constantemente son
mis fuentes de inspiración narrativa.
Aunque
no soy un escritor de grandes novelas ni de bestsellers, hago un tipo
particular de escritura que requiere de una constante visita al
pasado y al futuro de lo que ya fue escrito.
Por
eso creo que, como los grandes lectores de clásicos, un copy nunca
va a leer todo lo que debería. Pero aún así, debe intentarlo.
“A
Reading Diary” es el título en
inglés de este libro del ex director general de la biblioteca
nacional de Argentina, Alberto Manguel.
Conseguí
este libro por motivación propia hace un par de años cuando todavía
Manguel no era director de la biblioteca nacional pero ya tenía la
reputación de haber trabajado para Borges. Por una y por otra razón
fui posponiendo la lectura hasta que ya se me hizo imposible no
finalizarlo.
Eso de
haber trabajado para Borges, entre otras anécdotas bibliográficas,
me hizo interesar en este autor relativamente desconocido que vivió
gran parte de su vida fuera de Argentina.
Un
diario sobre lecturas es una invitación implícita a seguir leyendo
sobre lo que vamos a descubrir dentro. Básicamente, sucumbir a la
tentación.
Me
atemorizaba en un principio saber que este tipo de libros es como
abrir portales, aunque habiendo leído a Borges, lector de lectores,
¿a qué más podría temerle un aventurero?
El
libro de Manguel es simple. Es un diario que mezcla lo cotidiano de
la vida del autor con las noticias que van aconteciendo, sucesos
banales y reflexiones literarias surgidas del libro elegido para el
mes en que el autor se sitúa.
Es
simple porque se mezcla con lo cotidiano, pero no por eso deja de ser
sofisticado, analítico y preciso. Manguel hace hablar a los autores
que va eligiendo leer. Los hace confrontarse con otros autores por
medio de citas y declaraciones. Hace que los libros tengan entidad
propia a través de lo que su crítica le hace saber sobre ellos.
Manguel
es un lector ávido. Se nota que lee recordando. Se nota que recuerda
lo que lee.
Personalmente
me sirvió como un catálogo para mi propia lista de lecturas por
venir. Ya que al final del libro tenemos una lista de los libros que
el autor fue leyendo a lo largo de 12 meses.
A mi
me encantan las listas. Si son de libros, mejor.
Lo que
más me gustó del libro es cómo lo cotidiano se vuelve parte de la
narrativa del propio libro y de la vida del lector que su vez,
escribe.
Me
gustó que haya elegido autores variados, que lea variado y que lo
trasmita.
¿Mi
conclusión al terminar de leerlo?
Creo
que Manguel no es en absoluto alguien que va a pasar a la historia de
la literatura por escribir de manera extraordinaria, sin embargo, me
convenció de querer ser un tipo de lector como lo es el, un lector
infinito.
Es un
buen libro para leerlo los días de lluvia, con música chillout
y ante la indecisión de quien quiero ser al siguiente libro.
No es
un libro que cambie vidas, es un libro para cambiar la forma en que
leemos más allá de lo que suponemos que es descubrir un nuevo
autor, un nuevo tema, un nuevo idioma.
Espero
que lo puedas leer y si ya lo leíste, déjame tu opinión por aquí.
¿Cuál
es el último libro que leíste y que recuerdas sobre él?
Este es el artículo más
importante que he escrito en la última década.
Es personal y crudamente honesto.
Aún así, quería redactarlo pues estamos
por comenzar una nueva década y quería hacerlo con un post en donde voy a
tratar de resumir algunas lecciones muy importantes que aprendí en los últimos
diez años.
Por supuesto que no voy a poder
resumirlo del modo en que me gustaría, pero al menos voy a intentar recapitular
algunos de los aprendizajes más importantes que he tenido que lograr y que me
costaron tiempo, sudor y lágrimas en varios momentos.
Esta fue una década cargada de situaciones
y experiencias tanto buenas como malas que me han transformado profundamente.
Me han transformado tanto que me
resulta imposible de reconocer. Incluso al adolescente que escribía sus
primeros artículos en este mismo blog.
Si tuviera al Alexander de hace
diez años atrás enfrente mío no lo podría reconocer, sería un extraño.
Sus ideas del mundo, de las
personas, del saber, de la familia, de los negocios y de tantas otras cosas
eran bastante más ingenuas de las que una década más tarde sé que son en
realidad.
Es claro que la vida se ha
encargado de curtirme la piel de muchos modos distintos y algunas esperanzas se
fueron convirtiendo lentamente en piedra, otras se hicieron añicos contra la
realidad, mientras que unas pocas sobrevivieron transformadas en decisiones concretas
que tuve que tomar en varios momentos claves.
No puedo decir que reniego de
tener que haber aprendido a los golpes contra la realidad de la vida como lo
hice.
¿Acaso puede ser de otra manera?
¿Los humanos aprendemos solo de
las ideas?
La respuesta es un rotundo NO.
Los humanos sufrimos, perdemos y
reflexionamos solo al borde de aquello que nos causa displacer, a veces, un
gran displacer.
Son muy pocos los humanos que
pueden decir que nunca han sufrido y que la vida les ha sido simple, alegre y
fácil siempre.
Es bueno poder pensar
retrospectivamente.
No para darnos el lujo de llorar
o de lapidarnos con conclusiones que ahora nos parecen obvias, sino para poder
entender que todos atravesamos por procesos de vida muy particulares y que
mientras algunos arriban a puertos seguros, otros, recién sueltan amarras.
Por eso te dejo aquí diez ítems
que tienen que ver con mis propios procesos de vida y que he aprendido en la
última década. (Antes. Una sugerencia. Dale play a este video mientras lees:)
📖 Educación y
formación
1.Tener un título universitario como meta personal y por
amor al saber es importante pero no definitorio
Cerca de la mitad de esta década
decidí que quería hacer una carrera universitaria. No porque considerara al
sistema universitario como fundamental para mi vida sino más bien porque me
gustaba aprender y me encontraba siempre leyendo libros de diversos temas y
escuchando clases de profesores por Youtube. Algo que sigo haciendo con gusto
todavía hoy.
Aunque en ese momento supe que un
título no me aportaría algo realmente trascendental, si sabía que podría darle
cuerpo a mis inquietudes por el amor al saber mismo. Me costó decidirme por una
carrera universitaria porque sería algo que debía conjugar varios campos de
estudio, enamorarme completamente y al mismo tiempo debía ser útil a otros.
(Pues aceptémoslo, hay carreras donde la utilidad hacia otros no es requisito).
Dudé también porque ya tenía 25
años cuando decidí ingresar a la universidad. Sabía que no iba a ser fácil y
que no sería un simple hobby como muchos universitarios de 18 años toman a las
carreras a las que se inscriben.
No podía darme el lujo de perder
tiempo aplazando materias o no estudiando realmente, pues ese tiempo podría
invertirlo en crear negocios, equipos o simplemente tener un trabajo de jornada
completa.
Cuando decidí que carrera
estudiar y me comprometí en terminarla en 5 años tenía ideas de mí mismo, de
los otros y de la profesión que se fueron transformando lentamente y que me
fueron moldeando en el proceso hasta convertirme en alguien completamente
nuevo.
Hoy sigo amando el saber por el
saber mismo, pero también tengo un título universitario que me permite seguir
explorando el saber en los otros y en mí mismo como solo la Psicopedagogía
puede hacerlo.
Ser Psicopedagogo es ser curioso
con otros sobre como aprendemos los humanos y es un camino que no tiene punto
de llegada, pero del que me agradezco haberlo iniciado.
2.Tener un set de habilidades en múltiples campos permite
encontrar nuevas soluciones a problemas específicos
Antes de ser Psicopedagogo este
blog ya existía. Siempre me gustó escribir. Siempre me gustó investigar. La
curiosidad es un motor para la existencia misma porque es divertida, constante
y siempre nos sorprende aquello que no sabíamos que estaba allí.
Los negocios, la escritura, la
lectura, el diálogo con personas de todo el mundo vía Skype y a causa de los
diferentes modelos de negocios que posibilita internet, me enseñaron a
desarrollar habilidades de negociación, estrategias de crecimiento,
inteligencia emocional, comprensión de la dimensión del deseo, uso de
herramientas y dispositivos técnicos (blogs, plataformas de video, redes
sociales, etc.), así como una amplia gama de visiones de la realidad que no
eran la mía, la inmediata.
Hablando con personas de otros
países entendí las realidades políticas y como éstas influyen en su vida
diaria, entendí sus necesidades específicas y las comunes con otros.
Esas situaciones muchas veces me
obligaron a tener que pensar con ellos en soluciones exclusivamente para su
realidad, mientras que otras veces fueron ellos los que me ayudaron a pensar en
mi realidad personal.
Internet y los diálogos que por
su intermedio pude crear, han sido una herramienta fenomenal para desarrollar
múltiples habilidades que hoy puedo extrapolar a situaciones de negocios, de
familia, de equipos, personales, educativas y emocionales.
Internet es una herramienta de
empatía fundamental que permite crear soluciones específicas si podemos verla
como una biblioteca viva de experiencias y contactos con los cuales podemos
cocrear habilidades prácticas para desplegarlas en cualquier momento y cuando
sean necesarias.
🧑 Crecimiento
personal
3.Aprender a escuchar es más importante que tener la última
palabra
Cerrar la boca para escuchar
atentamente y no para responder desde mi propio punto de vista es tal vez la
cuestión que más me costó aprender.
Cuando finalmente entendí que el
otro no miente, sino que SE MIENTE, cuando el otro no odia si no que SE ODIA,
que el otro no teme, sino que SE TEME, cuando el otro no está limitado, sino
que SE LIMITA.
Entendí muchas cosas y gané paz,
paciencia y claridad en muchos asuntos.
A pesar de lo rotundo de las
afirmaciones anteriores tienes que saber que no me refiero a absolutos. Sino a
niveles.
Por ejemplo, cuando alguien dice
que odia a otra persona y da cientos de razones, a veces muy válidas, por
cierto, generalmente el odio no es absoluto, sino que se podría poner en una
escala valorativa (¿Cómo sabemos esto? Obligándolos a que nos digan al menos
una buena acción o una acción de justicia que haya cometido esa persona. Aunque
la respuesta cueste casi todos pueden recordar al menos una acción luego de
varios intentos).
Pero algo más trascendental es
que cuando una persona lanza un discurso casi siempre está argumentando desde
el punto de vista de su más sentida experiencia, no desde la verdad objetiva.
Por eso digo que una persona no odia, sino que, se odia por haber actuado de
alguna forma particular o incluso odia una parte de sí mismo que el otro
refleja magníficamente bien.
Las personas escondemos en
nuestros discursos realidades personales confesables e inconfesables que si las
escuchamos con mucha atención podemos verlas en un panorama mucho más amplio
que no nos haga juzgar la foto sino la película que alguien nos trae.
Para hacer eso hay que tener
ganas, paciencia y dejar de intentar imponer nuestras propias ideas.
Lo cual, es difícil y no surge sin esfuerzo.
4.Todos los días estamos construyendo nuestra necrológica
Cada palabra que decimos, cada
acción que realizamos y cada encuentro con los otros pueden ser los últimos.
Sucede que vivimos nuestra vida sin conciencia de la muerte y de la finitud, al
mismo tiempo que no vemos que hay cosas que vamos repitiendo en acciones y
dichos a lo largo de meses y años.
Al mirar hacia atrás podemos ver
algunas de esas repeticiones muy claramente, otro es el asunto de si decidimos
aceptarlas u ocultarlas, pero están ahí.
Esas cosas que vamos haciendo
todos los días y que definen donde invertimos tiempo, motivaciones, deseos y
esfuerzos son las cosas por las que otros nos van a recordar.
Son nuestro
epitafio en la memoria de cada persona con la que nos hemos cruzado.
Entender esto me llevó a una
pregunta trascendental, y es esta: ¿Cómo quieres ser recordado?
Esa pregunta a su vez me lleva a
tomar decisiones cada vez mas meditadas sobre mi modo de actuar con los otros.
Si alguien me recuerda un día me gustaría que al menos no haya sufrido mi
encuentro, y en el mejor de los casos, ambos hayamos aprendido algo del
encuentro con el otro.
La conciencia de que nuestra vida
es sufrimiento y de que vamos a morir hace que el valor del presente sea en
efecto, un presente, un regalo para los otros, a pesar de esta mortal certeza
con la que vivimos.
5.Hay que exponernos a situaciones nuevas por voluntad
propia siempre que sea posible
¿De qué sirve estar aprendiendo
sino somos capaces de enfrentarnos a nuevos escenarios que, paradójicamente,
nos hagan aprender aún más sobre lo que ya creemos que sabemos?
Ir en busca de un riesgo
controlado es mejor que esperar a que situaciones inesperadas aparezcan y lo
consuman todo como un sorpresivo incendio de verano.
Parte de la idea de someterme
voluntariamente a situaciones nuevas tiene que ver con ir a buscar lugares,
personas o situaciones donde ambos podamos beneficiarnos del otro, pero sin
perder lo que ya hemos logrado y potenciando las oportunidades de crecimiento
social, comunitario y personal.
Si nunca fuiste parte de un club,
¿por qué no empezar hoy?, si siempre quisiste ser vendedor de autos, pero
elegiste estudiar odontología, ¿por qué no animarse ahora?, si amas los
animales y quieres ayudarlos, ¿por qué no ser parte de una organización
comunitaria de protección de animales los fines de semana?, si te gustaría
viajar a París, ¿por qué no empiezas aprendiendo el idioma? (Sugerencia dos: Dale play a este video...)
👪 Familia y pareja
6.Los dramas familiares no resueltos afectan toda nuestra
vida y su sentido de trascendencia
Vamos a enfermar de aquello que
huimos, de aquello que ocultamos, de aquello que callamos y de aquello que no
perdonamos.
Esta es probablemente una regla
general no escrita de la psicología por la que miles de personas no logran
entender porque se sienten depresivas, angustiadas y solas en nuestras
sociedades modernas.
Una vez que podemos conectar
nuestro pasado familiar con nuestros malestares del hoy, empieza un camino
hacia el bienestar que es casi inevitable. Aunque es un camino de aceptación
difícil, duro y muchas veces doloroso.
Me tocó tener que hacer esto con
mi padre.
Que, como todo padre, no fue
perfecto.
Los hijos siempre tenemos algo
que reprocharles a los padres, incluso porque han sido demasiado perfectos.
En mi caso había tenido reproches
de todo tipo, no justamente por esa causa, pero necesitaba decírselo.
Uno de mis más grandes logros
personales de esta década es poder haber confrontado a mi padre con mis
verdades a pesar de lo que él creía que significaba ser padre.
Un hijo tiene derecho a hacer
esto y un padre tiene que poder escucharlo en vida.
A nivel personal me sirvió para
avanzar después de su muerte y para aceptar su existencia como fundante de
quien soy hoy, puesto que un padre marca a sus hijos con sus aciertos y sus
errores de una forma tan determinante que toma toda la vida empezar a
identificarlos y ubicarlos.
A mi padre que se fue en esta
década le agradezco quien soy y quien no quiero ser.
Esa es la mejor forma de hacerle
justicia a la memoria de los que ya no están. Sin rencores, pero sin
silencios.
Los dramas familiares deben ser
resueltos, no por los familiares involucrados en sí, sino por nuestra propia
salud pues más tarde o más temprano van a influir en nosotros mismos o en
nuestros hijos y nietos de formas que ahora ni siquiera sospechamos, puesto que
lo que no se resuelve en una generación aparece en la siguiente más
crudamente.
Tú, ¿Tienes algo que decirle a
alguien que aún esta vivo y no sabes si puedes hacerlo?
Mi recomendación: hazte de valor,
no pierdas la oportunidad, no dejes que las décadas avancen y se lo lleve.
7.El amor está en la buena comunicación y no en el miedo a
decir
En cuanto a parejas y relaciones
he aprendido algo básico, pero por medio de grandes pesares.
Aprender a decirle a la persona
que queremos todo aquello que deseamos, que tememos, que necesitamos y que
pensamos solo va a ser posible en tanto que sintamos que existe respeto, buen
trato, empatía y tiempo.
Si la persona que decimos amar no
tiene ni tiempo, ni respeto ni ganas de establecer una buena comunicación
entonces la relación no es de amor, es de otra cosa, no de amor.
No sé nada sobre el amor, lo admito,
pero si sé que el amor es, al menos, la falta de miedo.
Si creemos o sospechamos, aunque
sea tímidamente de que el otro o la otra nos va a tratar con frialdad, con
antipatía, con desconfianza, a destiempo, con desgano y frívolamente, entonces
lo que tenemos es una relación mediada por miedos y no por diálogos honestos,
profundos y constantes en un marco de respeto.
Lograr esos diálogos honestos
casi al nivel del dolor solo son soportables porque al menos una de las dos
partes puede sostener momentáneamente palabras o situaciones inesperadas
sabiendo que el otro lo hace desde el amor y no desde la voluntad de
destrucción, no por maldad, no por egoísmo.
Amar es saber escuchar al otro
desde el todo, desde el amor.
Amar es aprender a dialogar como
con un espejo que no nos juzgue pero que nos soporte incluso en nuestras
contradicciones.
Por eso amar es un proceso que se
confunde fácil con otras cosas, que se diluye entre sensaciones encontradas y
que finalmente se corroe por falta de diálogos abiertamente honestos sobre lo
que cada uno siente, desea y necesita.
El amor no es la palabra, pero lo
único que le hace de trinchera cotidiana es la profundidad de ella.
💸 Negocios y
finanzas
8.Tener múltiples fuentes de ingreso no es tan sencillo
como lo muestran los gurúes
Años de gurús y de cursos online
me han enseñado que la tenacidad y la perseverancia son dos cualidades que
todos los emprendedores de éxito tienen pero que aún así muchas de las
oportunidades que sabemos que existen en internet tienen que ver con el lugar
donde vivimos y la clase social a la que pertenecemos.
Muchos “expertos” en internet
dicen que todos podemos lograr altísimos ingresos con negocios online teniendo múltiples
fuentes de ingresos, pero no todos cuentan con la capacidad de inversión que se
necesita, el conocimiento técnico, los equipos y herramientas o las
experiencias que ellos tienen para poder lograrlo a la velocidad en que ellos
lo hacen.
No es lo mismo tener un salario mínimo
en USA que en Ecuador, Bolivia o Brasil. No es lo mismo intentar crear o
contratar servicios desde Venezuela, Argentina o España.
Los costos, los niveles de acceso
y las formas de pagos varían inmensamente.
Esto es algo que cuesta entender
y sobre lo que hay que crear estrategias muchos meses antes de simplemente
adquirir una franquicia online o pensar en crear un blog de nicho.
Muchos de los que son exitosos en
internet tienen recursos humanos, materiales y económicos solventes de otros
negocios -o estilos de vidas- previos que reinvierten en sus negocios online.
No empiezan realmente de la nada
misma.
Por eso es tan difícil que
alguien que empieza de cero tenga éxito con su primer negocio y por eso para
los gurús es tan fácil inflar la demanda.
9.Armar equipos es más importante que trabajar
individualmente
De mi trabajo con equipos de
negocios tuve que aprender esta importante lección muy temprano en esta década
luego de perder ganancias por la coyuntura política de mi país que sufre
constantes crisis económicas.
Al principio no entendía la
importancia de trabajar con otros y las ventajas de internet para poder hacerlo
continuamente con personas de todo el mundo.
Fue un aprendizaje que me
permitió tener más tiempo para invertir en desarrollar nuevas ideas o proyectos
pero que en un principio me parecía muy extraño por aquel sentimiento
autosuficiente que muchos emprendedores novatos tienen y que usualmente termina
en desgaste físico y emocional.
No entender la importancia de un
equipo es frustrarse por errores y por destiempos que otros pueden ayudarnos a
solventar fácilmente si aprendemos a delegar, a confiar y a optimizar las capacidades
de cada uno dentro de un mismo equipo y persiguiendo la misma meta.
10.Tiempo es el factor que lo determina todo
Si hablamos de metas es clave
entender que todo en esta vida tiene de fondo un solo ritmo: tic – toc, tic -
toc…
El sonido del reloj es el sonido
de las metas que nos proponemos cada día.
No hay un juez más severo que el
reloj.
En este artículo te hablé de la
familia, la pareja, los negocios y la formación profesional, pero en realidad
de lo que se trata es de hacer lo que queremos hacer en los tiempos en que nos
pautamos hacerlo.
No es fácil, lo admito.
El tiempo, los fines de año, los
fines de ciclo, las pérdidas de seres queridos, las frustraciones de la vida
cotidiana y los innumerables problemas que van surgiendo con el paso de los
días son una clara muestra de lo difícil que es lograr lo que queremos.
Pero, ¿Cuál es la alternativa?
Acaso ¿Qué te mueras sabiendo que
podías dar más de lo que realmente te diste a ti mismo y a los demás?
Me niego a que esa sea la
alternativa.
Si vas a plantearte sueños,
desafíos y experiencias ponle fechas, hazte de coraje y no dejes que pase otra
década para eso que sabes que puedes hacer, eso que sabes que tienes que hacer
y para eso que te gustaría hacer.
¿Te vas a animar a hacerlo en la
década que está empezando?
¡Espero que sí!
Cuéntame en un comentario. 🤗
"Las preguntas son éstas: ¿Quién eres? ¿Qué has querido de verdad? ¿Qué has sabido de verdad? ¿A qué has sido fiel o infiel? ¿Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía? Lo que importa es que uno al final responde con su vida entera". Sándor Márai pic.twitter.com/HSMQrsxzxj